miércoles, 20 de marzo de 2013


Artículo de Prensa

Carta del titular de Interior al Cardenal

    Están en pie las garantías ofrecidas a los guerrilleros para lograr la pacificación.
Caracas,  7 de mayo de 1969
Señor Card.  J. Humberto Quintero,
Arzobispo de Caracas Palacio Arzobispal Ciudad.
     Eminencia reverendísimo: con la más profunda atención ha considerado el despacho a mi cargo, los documentos  que sirvió enviarme su eminencia con su carta del 19 de abril ppdo. Y las consideraciones que se sirvió hacerme en nuestras conversaciones celebradas con posterioridad a aquella fecha.
     Debo reiterar a su eminencia la elevada consideración y respeto que al gobierno nacional merecen la noble intención de la comisión que han construido, su Eminencia otros ilustres venezolanos con el ánimo de mediar y coadyuvar en el propósito de pacificación anunciado por el presidente de la republica, llevado adelante con inequívoca voluntad, durante las semanas que lleva en ejercicio el poder.
     La posición del Gobierno Nacional corresponde a las palabras pronunciadas por el Primer Magistrado en el acto de recibir la investidura presidencial ante el Congreso de la República.  En aquella solemne ocasión, manifestó:
“sin mengua de la firme energía que desplegare en todo instante para defender la estabilidad de las instituciones contra cualquier acción insurreccional, estoy dispuesto a ofrecer a quienes se lanzaron por aquel camino y persisten  en él, la oportunidad de rectificar. Ni las autoridades  Civiles ni las Fuerzas Armadas tienen interés en prolongar escenas de violencia que a nadie han favorecido y solo han ocasionado daños a ciudadanos pacíficos, a humildes campesino, a oficiales o suboficiales en el cumplimiento de su deber militar, a venezolanos sencillos que prestan como soldados el servicio con una contribución irrenunciable a la integridad  e independencia de la patria y a los mismos protagonistas de la aventura. Mi propia determinación, conforme con mis convicciones y antecedentes, de enfrentar sin vacilación cualquier hecho contrario a la paz pública y al orden institucional me da mayor autoridad para abrir en esta coyuntura el horizonte de una sincera pacificación. Hasta los más reacios reconocen  que no hay en Venezuela circunstancias propicias para el éxito de un movimiento insurreccional y que quien tenga fe en sus convicciones debe irradiarlas dentro del ordenamiento legal”.
     Conforme con aquella definición, el gobierno ha venido realizando una serie de actos tendientes a avalar la sinceridad de su propósito. Ha suspendido la inhabilitación que pensaba sobre el partido comunista y manifestó que estaría dispuesto a considerar la del movimiento de Izquierda Revolucionaria si llenara las condiciones mínimas, a saber, regularización de su funcionamiento y dirección y manifestación fehaciente de abandonar la lucha violenta para acogerse a la legalidad constitucional. Ha puesto en libertad a numerosos procesados, mediante las mediadas de sobreseimiento e indulto que la constitución y las leyes atribuyen al presidente de la república. Ha declarado sin valor las restricciones que se alegaba existir contra determinados dirigentes políticos, para regresar al país. Y sobre todo, ha mantenido una aptitud de suma consideración y prudencia, ha reorganizado a fondo la estructura y funcionamiento de los órganos atingentes a la seguridad del estado y ha hablado un lenguaje de amplitud y de altura, a través del cual ha mantenido un dialogo cordial con todos los venezolanos.
     A nadie que haya querido acogerse al ofrecimiento del Señor Presidente, se le ha exigido ningún tipo de condición que pudiera envolver algo humillante o en alguna forma el menoscabo en ningún grado de la dignidad de su persona humana. No se ha impuesto ninguna renunciación  a la propia ideología, ni se ha exigido como contrapartida la adhesión al Gobierno o la política que este adelanta por encargo recibido del pueblo. No se ha establecido ninguna restricción a los medios de comunicación social, si bien se recomendado  el que las publicaciones coadyuven al propósito de pacificación y eviten sensacionalismo que pueden hacerse nocivos al noble fin buscado.
     El Gobierno Nacional tiene plena conciencia de que con ello está cumpliendo un anhelo de la gran mayoría de los venezolanos, sin que pueda ir más allá, a un terreno donde se lo vedaría la promesa de sostener y defender la constitución y las Leyes de la República en toda su integridad. No conduciría a ningún resultado útil el desviar su actitud hacia el planteamiento de un debate con quienes, mientras se mantenga en actitud de subversión, se coloca fuera de la Ley y renuncian por ello mismo a los resortes que la lucha cívica pone al alcance de quienes actúan dentro del marco legal. Si el Gobierno no  ha puesto condiciones ideológicas o programáticas a quienes sinceramente deseen reintegrase a la actividad dentro del ordenamiento jurídico, no es concebible que deba aceptar por su parte, controversias previas sobre su posición y su programa , los cuales han sido ampliamente conocidos y son continuamente juzgados por la opinión pública.
     Las garantías ofrecidas están en pie. La intervención de su Eminencia y de sus ilustres compañeros de comisión, la aprecia el Gobierno como una garantía más para quienes por su conducto soliciten su confirmación y hagan patente su voluntad de volver a la actividad Legal. Por lo demás, el Señor Presidente ha hecho constar que esa actitud asumida como Jefe del estado, está en un todo conforme con la que plantea el nombre de las Fuerzas Armadas Nacionales  como su Comandante en Jefe que es, por virtud de la carta fundamental. A su Eminencia Reverendísima y a los demás miembros de la comisión preside, les consta la absoluta buena fe con que está procediendo en esta delicada materia el Ejecutivo Nacional por ello mismo, su intervención constituye, ante el país entero, un aval de excepcional cualidad para que desistan de la violencia armada, sean cuales fueren sus concepciones doctrinarias, quienes deben estar convencidos, al menos, de que las condiciones de la Venezuela de hoy no son propicias para mantener su actitud.
     El Gobierno nacional, por conducto del despacho a mi cargo, ratifica a su Eminencia Reverendísima, sus claros y definidos propósitos de continuar desarrollando su política de paz y armonía para todos los venezolanos.
Muy atentamente, Lorenzo Fernández, Ministro de Relaciones  Interiores



Ficha hemerográfica

Autor: Lorenzo Fernández, Ministro de Relaciones  Interiores
Fecha: (1969, 4 de Mayo)
Título del Artículo: Carta del titular de Interior al Cardenal
Nombre del Periódico: El Universal
Numero de Página(s): 12


Comentario Crítico

     Esta carta dirigida al Arzobispo, muestra  como desde el ministro de relaciones interiores   refleja  a él, como medio mediador, sus exigencias sobre la mesa, que están fundamentadas en la paz del los mismo pueblos, en base a ello mantiene una aptitud de aceptación y de propuestas que están  bajo el marco legal o de la constitución.  Otro factor es la facilidad y libertad  cedida al movimiento de izquierda como  independiente. Muestra de ello es la suspensión de la inhabilitación, que representa un objetivo de los movimientos de izquierda, y la liberación de distintos líderes. Estas decisiones fueron tomadas bajo un marco de prioridad, con visión en la  mayor paz posible. Puesto que este proceso  fue uno de los fundamentales objetivos del gobierno, deben de mostrarse resultados, pero partiendo del hecho de que la mayoría del personal del gobierno representaba un bipartidismo, una vez concretados sus objetivos la asimilación política sería el siguiente paso a seguir. Más allá de esto, el gobierno se comprometió con completa sabiduría a la resolución de este proceso.


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